Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

sábado, 5 de marzo de 2011

Cuando sólo vemos oscuridad

Hubo un destello de luz.
Las vidrieras se rompieron en mil pedazos, creando una lluvia de cristal dentro de la gran catedral de piedra. El techo se abrió, dejando entrever el cielo, antes azul claro, que ahora se tornaba negro. Un agujero negro se abrió en el firmamento y creció, absorbiendo la luz de su alrededor y llegando a ser tan grande como para tapar todo el boquete del tejado. De pronto, apareció una ranura blanca en el centro del agujero negro, la cual se ensanchó y dio lugar a un enorme y tétrico ojo azul, que parpadeó unas cuantas veces antes de abrirse más e inundar el edificio de una luz azulada.
Miré a la bruja elfa. Se hallaba de pie, pero sus fuerzas flaqueaban. Tenía un aspecto débil y demacrado debido a la pelea en la que nos habíamos enzarzado minutos antes. Le faltaban mechones de cabello y tenía unos cuantos cortes por el cuerpo, además de toda la sangre que se acumulaba en su ropa de color cobre. Aún así, lo que más llamaba la atención era la venda grisácea que se situaba sobre sus ojos. Me pregunté para qué servía hasta que apareció el ojo en el cielo con el mismo aspecto que los de ella.
En el mismo momento en que unas gotas de sangre se le escaparon por debajo de la venda, provenientes de su ojo derecho, se tambaleó y cayó de rodillas. No pude dejar de mirarla, pues la escena era sobrecogedora y desgarradora al mismo tiempo. Parecía sufrir realmente; las venas de los brazos comenzaron a tensarse y crearon un irregular relieve en su piel olivácea. Echó la cabeza hacia atrás y profirió un grito antes de apoyar finalmente las manos en el suelo.
Traté de librarme de la cápsula que me mantenía presa. El compañero de la elfa había conjurado un hechizo y me había encarcelado, por lo que no era capaz de salir. Tras varios intentos fallidos me resigné a esperar y observar lo que ocurría.
Al hombre no se le veía por ninguna parte. No quería saber lo que estaba haciendo, tan sólo quería salir de allí y conseguir hacer algo útil, para variar. Pero no sabía cómo continuar…
La bruja se desplomó en el suelo, exhausta. Comenzó a salir sangre en abundancia de debajo de su venda, cubriéndole el rostro, recorriéndole el cuello y cayendo al suelo empedrado. El gran ojo fijó su vida en mí y la luz azul se intensificó. Apoyada como estaba en la cápsula, de pronto sentí estar flotando en el vacío. A gran velocidad me levanté y comprobé que ya nada me encarcelaba. Antes de nada, cogí la gran espada dorada que se hallaba junto a las garras metálicas de mi enemiga, y me puse en guardia.
El hombre hizo acto de su presencia y me miró con una sonrisa burlona. Alzó su arma mientras se acercaba unos pasos a mí, retándome a continuar adelante. Hice acopio de todo mi valor y murmuré unas palabras sobre la hoja de mi espada, de la cual brotaron al cabo de unos segundos unas intensas llamaradas de fuego brillantes como el sol.
Era la hora.

3 comentarios:

Fer dijo...

Sangre, sangre :O
Sí es que los elfos son mala gente XD.

escritora Laura M.Lozano dijo...

¡Hola! Estupendo, como siempre, muy bien descrito Diana. lo haces sentir real.
Te dejé un mensaje en Tuenti pero parece que no lo has visto, así que te lo vuelvo a dejar aquí. Pásate por mi blog que hay algo para ti. Espero que te guste. Un besito. =))

Kirtashalina dijo...

Fer: Sí, sí, ADORO la sangre! ^^
En realidad los elfos suelen ser buenos, pero en toda regla hay una excepción x)

Laura: ¡Hola! Muchas gracias, eso intento n.n Es un halago que os metáis tanto en la historia :P
Pues acabo de mirar los mensajes y no lo he recibido :/ Habrá habido algún error o algo...
Muchas gracias *-* ahora mismo voy a mirar!

Un beso a los dos :)