Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cap 8 - La Noche del Mustang (3/3)

ANTES DE TODO:

-Lo siento por tardar tanto en publicar.

-Lo siento por publicar una entrada tan larga, que ocupa cuatro páginas en el Word TT Pero es que calculé mal y al final no me cabía todo y... bueno... Es que soy de letras puras xDD

-Lo siento por describir tanto a la gente, pero es que para mí es esencial para que os hagáis una idea de los personajes. Además si luego digo, por ejemplo "y el pelirrojo asintió", pues no sabréis a quién me refiero si no leéis las descripciones...

-Lo siento por... hum... existir, por ejemplo. Y ya, sin más dilación... Lo que todos estabais esperando... bueno, en realidad sólo un par de personas xD


—Dentro de unas horas comienza la Noche del Mustang.

Nos reunimos alrededor de una inmensa hoguera. Durante la tarde, Iarroth había reunido una partida de caza que volvió horas más tarde del bosque con dos ciervos abatidos. No me habían dejado ir con ellos, por lo que después de que Odrix me diera a conocer todo el campamento, tuve que ayudar después a recoger leña para cocinar a los animales. Unas mujeres habían empezado a hacer también un guiso de verduras (recién salidas del huerto que había cerca de las cabañas), pero no tardaron en pedir la colaboración de los hombres, ya que éstos no habían ayudado en gran cosa.

Al caer la noche habíamos acudido a cenar cerca del fuego, alentados por nuestras hambrientas tripas que rugían como si no hubiese mañana. Jenna y su hija Phoebe repartieron unos cuencos de barro, y hablando y riendo, empezaron todos a comer. Odrix entabló conversación con su amigo Ulrik, quien clavó sus ojos en los míos de forma un tanto agresiva. Bajo su atenta mirada me llevé un trozo de carne a la boca y lo saboreé y mastiqué hasta tragarlo. Por fin dejó de mirarme y, sintiéndome más relajada, me atreví a escrutar todos los X rostros que había allí presentes.

Empecemos por Ulrik. Aunque en ese momento, al estar sentado, no se apreciaba, horas atrás había podido observar que era bastante alto. También había podido ver a su fiel mascota, un enorme cocodrilo de color verdoso que tenía unos colmillos grandes y de color perlino. Ulrik, por otra parte, tenía el pelo negro, corto y liso, aunque los mechones más largos le llegaban casi hasta los hombros. Sus facciones, como las de casi todos allí, eran afiladas y cortantes, y su piel, tan blanca que se asemejaba al mármol. Bajo la fina camiseta y los holgados pantalones que vestía en aquel momento, pude deducir que tenía un muy buen cuerpo. De todas formas, lo que me llamó la atención fueron sus ojos rojizos. Nunca se los había visto a nadie de ese color, y en un primer momento me parecieron demasiado irreales para que fueran naturales. Tal vez los había alterado con algún producto químico, o quizá llevaba unas lentillas incrustadas. Quién sabe…

Al lado de Ulrik (aparte de Odrix, que estaba a mi izquierda) se encontraba Tanaka. Era el hermano adoptivo de Odrix, pero se veía a la legua que no compartían sangre. De hecho, no compartían absolutamente nada. Tanaka era alto y delgado, menos musculoso que su hermano pero con un guardaespaldas más fuerte —tenía un puma, mientras que Odrix tenía un halcón—. Sus ojos y sus cabellos eran tan negros como la tinta, aunque tenían un cierto reflejo plateado a la luz de la luna. Me hizo “gracia” (por así decirlo) que llevara unas botas parecidas a las de los antiguos piratas, con el borde doblado del revés, porque con su traje oscuro no conjuntaba muy bien, pero bueno, supongo que allí, en medio del bosque, no se podrían cambiar mucho de ropa.

A la izquierda de Tanaka estaba Aleriel. Era un muchacho más o menos alto, de complexión media y pelo verde y largo. Vestía una camisa roja y unos pantalones marrones que su guardaespaldas, un perro Braco de Weimar, había llenado de pelos casi plateados. Sus ojos marrones despedían una gran aura de amor la primera vez que le vi, aunque no supe distinguir a quién se la enviaba hasta ese momento. Despedía amor hacia Phoebe, una chica medianamente delgada, alta y de pelo castaño claro, largo y liso. Ella, con sus ojos de color violeta, le miraba a Aleriel con la misma ternura que él a ella. Se trataban con un cariño demasiado tímido, el propio de una pareja joven de enamorados. Aunque ella parecía demasiado pequeña. ¿Cuántos años tendría?

Al lado de Phoebe estaba su madre, Jenna, quien hablaba con Iarroth en voz baja mientras fruncía el ceño. Daba la impresión de estar disgustada o cabreada por algo, pero no supe adivinar por qué. Iarroth parecía intentar apaciguar a su amiga, pero ésta no daba señales de querer cambiar de humos.

Medio metro más allá de Iarroth, comiendo con avidez, se hallaba Joseph, un hombre alto y con una generosa barriga que rondaba los cuarenta años. Con la edad había perdido el pelo, pero por lo que me dijo Odrix, el brillo de sus ojos marrones lo conservaba desde que se alistó al grupo de Los Rebeldes por primera vez, cuando era muy joven. Para tapar su innegable calva se había colocado un gorro verde en la cabeza que no se quitó ni un momento desde que llegué. Parecía su única preciada posesión, además de su guardaespaldas, un parlanchín loro de color verdoso que no se separaba de su hombro.

Al lado de Joseph, dándole de comer al pájaro, estaba Panrak, un joven unos años mayor que yo. Era alto y fuerte, ancho de espaldas, imponente como un gran armario. Tenía el pelo corto de color marrón y casi siempre llevaba una resistente armadura, probablemente para proteger y esconder su corazón, que era más tierno que el de un niño. La primera vez que oí su nombre, me recordó al de un dragón. Panrak. Podría asemejarse a uno de ellos si los dragones fueran tan dulces como él, claro. Aunque estaba segura de que no trataría de forma tan cariñosa a sus enemigos como a sus amigos. Su guardaespaldas, una perspicaz águila de color marrón, miraba con los ojos entornados al loro de Joseph. No parecía caerle muy bien…

Y por último, entre Panrak y yo estaba Pécala. Era la hermana de Aleriel, aunque aparte del color de ojos, no tenía nada más en común con él. Ella era delgada y más o menos alta. Tenía un precioso cabello rubio platino que le llegaba por la cintura, aunque no daba muestras de sentirse muy orgullosa de él. Iba vestida con una camisa blanca de mangas largas y anchas y unos pantalones cortos azules, aunque la mayor parte de sus piernas las tenía cubiertas por unas altas botas que sobrepasaban sus rodillas. Unos metros detrás de ella, tumbado bajo un árbol, estaba su guardaespaldas: un caballo de color blanco. Parecía tan puro como un unicornio, pero traté de no pensar demasiado en ello. Nunca me habían gustado los caballos con cuernos en la frente, la verdad.

—¿Estás bien? —me preguntó Odrix, al ver que no comía.

—Sí, sí —me apresuré a contestar, llevándome el cuenco a los labios para beber un poco de caldo. Al tragar me atreví a esbozar una pequeña sonrisa.

—Me alegro. Hay que estar en forma para la Noche del Mustang —sonrió.

—¿En qué consiste exactamente? ¿Y por qué hay que estar en forma? —pregunté con desconfianza—. ¿Es una prueba o algo así?

—No, no —rió—. Hay que bailar.

—¿Bailar? —levanté una ceja.

—Sí, alrededor del fuego.

—¿Cómo los antiguos indios?

—Más o menos. Y después contamos historias.

—Pues vaya, me esperaba algo más…

—… ¿emocionante? —asentí—. Bueno, lo hacemos tan sólo una vez al año. Simplemente para divertirnos, descargar tensiones, ya sabes. Tienes suerte de haber llegado hoy y no más tarde. Te lo habrías perdido y sería una pena —volvió a sonreír.

—Sí, una pena —murmuré. No es que no le creyera, simplemente pensaba que teníamos opiniones distintas. Una hora después cambié de parecer.

Bailamos a un ritmo frenético y de forma incansable como si se acercase el Apocalipsis. Parecíamos un antiguo poblado, una civilización tribal con pocos conocimientos y es casa tecnología. Pero la realidad era muy distinta; aquello era bastante excitante. Nos movíamos de forma distinta alrededor del fuego, retorciendo el cuerpo como si careciéramos de huesos. Cada uno tenía su propio estilo de baile, cada uno iba a su aire y se entretenía a su manera.

Balanceé la cabeza hacia delante y hacia atrás acompañando el movimiento con las caderas, mientras alzaba los brazos y cerraba los ojos, sintiendo la música en mi interior. Ésta se componía tan sólo de unos toscos tambores, el tintineo de ramas y cuchillos contra los platos de barro y unos cantos que parecían más gritos de guerra que entonaciones hechas y derechas, aunque poco importaba eso. Era una danza tribal, pero era una danza, al fin y al cabo.

No sé cuánto permanecimos bailando, pero fueron muchas horas. Me dio la impresión de que amanecía mientras las primeras personas comenzaban a sentarse para poder respirar con normalidad de nuevo, pero tan sólo fue un efecto óptico de las chispas de la hoguera en el firmamento. Cuando todos nos hubimos sentado en el suelo, todos comenzaron a coger una posición cómoda, en algunos casos se abrazaban entre ellos o se tumbaban en el regazo de otra persona. Yo me limité a tumbarme bocabajo entre Aleriel y Panrak, las dos personas que había tenido delante y detrás al bailar. Observé a mi alrededor mientras apoyaba los codos en el suelo, irguiendo el torso y levantando la cabeza. Enfrente de mí se hallaba Odrix, quien me devolvió una cansada pero divertida mirada.

Joseph comenzó a hablar.

—¿Sabéis por qué a esta noche se la llama la Noche del Mustang? —casi todos asintieron, excepto yo y unos cuantos más. Joseph se dio cuenta— Bien, lo explicaré…

“Hace mucho tiempo, cuando la naturaleza y tecnología aún no estaban separadas, simplemente porque casi no había tecnología, había un caballo salvaje que vivía con su manada. Todos los días recorrían los bosques y los prados en busca de alimento, no tenían más preocupaciones. No conocían otra forma de vida, pero tampoco les faltaba nada. Sin embargo, un día, el caballo se separó de su manada más de lo necesario y cuando intentó volver con ellos, un humano apareció en su camino. El joven caballo se asustó, pues nunca había visto a ningún animal que se irguiera en dos patas, que fuera tan delgado, y que tuviera un color tan extraño y rojizo en la piel. El hombre llevaba en la cabeza unas plumas de cuervo, pero no llevaba más vestimenta…”

—Qué frío —musitó Ulrik, interrumpiendo el relato.

—Cállate y déjame continuar —dijo Joseph frunciendo el ceño.

—Sí, cállate —corroboró Jenna poniendo los ojos en blanco.

—Venga, callaos todos —ordenó Iarroth. Joseph carraspeó.

—A ver, por dónde iba… ah, bien —se rascó la cabeza a través del gorro como si así pudiese pensar mejor—. Sí, el hombre se interpuso en su camino e intentó apresar al caballo. Éste, apurado, intentó huir al bosque para perderle de vista, pero era una trampa. Más hombres le tendieron una emboscada y le apresaron con largas cuerdas y resistentes sogas. Después, le vendaron los ojos y le llevaron básicamente a rastras a un lugar oscuro, tras lo que le quitaron la venda.

"El pobre caballo se pasó dos días sin comer, aguardando en su cárcel que alguien viniera a ofrecerle algo que digerir. Por fin, tras la larga espera, un hombre vestido completamente diferente apareció allí. Llevaba un sombrero de piel y sostenía entre los dientes una espiga de trigo, lo que no le dio confianza al caballo, pues no entendió qué era todo aquello. Por suerte el hombre no le hizo daño y se lo llevó de allí sin causarle ningún mal. Viajaron a un lugar lejano y el hombre dejó libre al caballo en un prado casi tan bonito como el de su lugar de origen. El caballo se quedó sorprendido al creer que volvía a ser libre, pero las esperanzas se alejaron de él cuando vio una alta valla que cercaba la verde zona de pasto. Como venganza, cuando el hombre intentó domarlo y convertirse en su amo, el caballo se resistió y lo tiró al suelo innumerables veces, demostrándole que había nacido rebelde y moriría rebelde, aunque eso significase tener que desfallecer de puro cansancio."

“Al final, tras largos años de intentonas en vano, el hombre se rindió, pues vio que su caballo era demasiado tozudo como para cambiar su forma de ser. Lo mantuvo en sus terrenos, evitando al menos que no se escapara. Pero el caballo sentía tal añoranza por su tierra y su familia que un día, se acurrucó en un rincón del cobertizo que le había sido asignado, y esperó. El hombre trajo innumerables médicos, pero ninguno de ellos consiguió mejorar su estado de ánimo. El último de los veterinarios que trató de curarle se fue diciendo que si el caballo no colaboraba, no podrían salvarle. Tras varias semanas en ese estado, el caballo murió de pena.”

—Pues vaya —musité entre dientes.

—Nadie ha dicho que iba a ser una historia bonita —dijo Odrix un poco pesadamente.

—Porque no lo es…

—¿Pero queréis dejarme acabar de una vez? —preguntó Joseph con desgana.

—Vamos, Joe, no te pongas así —dijo Panrak golpeándole cariñosamente en el hombro. Joseph continuó.

—La manada del caballo, supo en ese mismo instante que su compañero había muerto. Corrieron por los prados a una velocidad vertiginosa y llegaron al campamento de los hombres que habían apresado a su amigo, causando estragos por doquier. Destrozaron todo a su paso, pues eran muchos, y siguieron corriendo para que no les pudieran alcanzar. Una yegua en especial… se había convertido en la compañera del cabecilla de la manada después de que el otro caballo hubiese sido apresado. Pero, mientras todos se alejaban del emplazamiento de los humanos, le pareció ver una sombra entre los árboles del bosque, como si él la hubiera acompañado en todo momento.

No es que lo hayas arreglado mucho, pensé mientras me alisaba el cabello con los dedos. Con el baile se me había enredado bastante.

—Y… debo suponer que el caballo era un Mustang, ¿no? —pregunté, convirtiéndome en el centro de atención.

—Sí, sí, claro —respondió Joe animadamente.

—¿Pero por qué celebramos la Noche del Mustang? —cuestionó Phoebe, quien había llegado hacía menos de un año al grupo y nunca antes había oído la historia.

—Pues porque hoy es el aniversario de la noche en que la manada vengó a su caballo —respondió Jenna con simpleza.

—Ya, pero ¿qué tiene que ver con los Rebeldes?

—Supongo que él también era rebelde —contesté, sentándome y cruzando las piernas—. La historia quiere enseñar que los rebeldes siempre serán rebeldes, y que todos están unidos de tal modo que en caso de que uno muera en manos de sus enemigos, siempre será vengado por su clan.

—Y también que alguna que otra tía es una lagarta por ir cambiando de pareja así como así —dijo Ulrik.

—Eh, modera ese lenguaje, jovencito —frunció el ceño Jenna.

—Oye, que incluso he dicho “lagarta” en vez de “zorra”…

Rieron y olvidaron el asunto con rapidez. Por lo visto todo el mundo estaba cansado, así que apagaron la hoguera y se tumbaron, cerrando los ojos. Yo me quedé sorprendida al ver que nadie iba a las cabañas para dormir. Le lancé una mirada interrogante a Odrix y éste se arrastró junto a mí, sorteando a la gente. Cuando estuvo a mi lado me susurró en el oído para no molestar a nadie.

—Esta noche nos quedamos aquí, es costumbre dormir al aire libre como los caballos —sonrió.

—Vaya, para una noche que vengo y me hacéis dormir fuera…

—Bah, tendrás muchas noches para ir a la cabaña.

—Ya, bueno.

—¿Estás cansada?

—Un poco, ¿y tú?

—Un poco —contestó, aunque intuí que era bastante más que “un poco”. Parecía que los ojos se le cerraran solos—. Bueno, ¡a dormir!

—Vosotros dos, callad u os obligaré a bañaros ahora mismo en el lago helado, juntos y sin ropa —gruñó Jenna, a lo que todos rieron suavemente. Hice una media sonrisa, miré a Odrix y cerré los ojos. Morfeo se coló entre la gente y me alejó de la nueva familia que me había acogido: Los Rebeldes.

7 comentarios:

Clary Claire dijo...

Como siempre genial, Di, y tranquila, que si el blog se come algunos párrafos porque está tonto, eso no quiere decir que tu texto no le guste, es simplemente que es demasiado bueno para él y se siente intimidado :)
Tú sigue escribiendo que sabes que siempre que puedo me paso!!
TeQiero!!
(me gusta lo de Morfeo, jeje )

Kirtashalina dijo...

Muchas gracias Clary :)
Es que de verdad, es muy incómodo que al poner frases entre (<) y (>) se las coma ¬¬ Además nunca me acuerdo, por Eric!
Sí, yo cuando puedo me paso por el tuyo también, lo sabes xD El de la Escuela de Combate hace mucho que no lo toco, pero es que me da taaanta pereza empezar de nuevo... xD Pero tendré que ponerme algún día...

(Muchas gracias ^^ Últimamente lo uso mucho x)

Fer dijo...

Sí tú tardas en publicar entonces yo... ya ni hablemos xD.

Nah, sí es interesante no importa que sea larga, incluso mejor ^^.

Para ser sincero de buenas a primeras aún no se me han quedado los nombres... Pero dame tiempo jeje ;).

¿Sentir tú existencia? Ays... pues para solucionarlo tan sólo basta con no pensar, pues si piensas existes, luego, si no piensas no existes =D. (Nah es coña =P)

Aunque pobret el caballo, ya que estaba podía haberlo dejado libre pero bueno... cómo muy bien han dicho "Nadie ha dicho que iba a ser una historia bonita —dijo Odrix un poco pesadamente.".

Bsss!

Kirtashalina dijo...

Eso te iba a decir, que llevas días sin aparecer por este mundo, pensaba que habías muerto o habías ido a cazar gamusinos!
Me alegro de que guste ^^

Bueno, ya se irán quedando, es que todos así, de sopetón, es normal que no te acuerdes...

Bueno, lo de mi existencia mejor lo dejamos xDD

Ya ves, los pobres caballos... es que Odrix tiene enchufe entonces casi siempre va a ser el que diga las mejores frases xDD

Un beso, gracias por venir!

Fer dijo...

Nah, nah, que los gamusinos son muy difíciles de encontrar, prefiero la cabra montés XD.

:O Algo habrá hecho para ser un enchufado... Umm mejor no pregunto jeje.

De nada ;).
=D.

Kirtashalina dijo...

Bueno, cuanto mayor es el reto, mayor es la gloria ^^ O eso dicen...

Sí, es un enchufado porque... ¡es mi amante! MUAHAHAH XD

Un beso :P

Fer dijo...

Jajajaja ¡sí es que lo sabía!