Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cambios drásticos

—¿Estás intentando decirme que tengo que cortarme el pelo y ponerme lentillas? —pregunté, dudosa.
—Sí, todo el cuerpo policial te ha visto a ti o una foto tuya, y no es conveniente que tengas el mismo aspecto que antes.
—¿Y vosotros?
—Jack hará lo mismo, pero a Zac y a mí no nos conoce.
Suspiré.
—Está bien. ¿Tenéis algún peluquero por aquí? —pregunté con sorna.
—Lo cierto es que sí. ¡John!
Un hombre extremadamente delgado, con el cuerpo de un bailarín, el pelo corto y castaño, “peinado” de forma moderna, ropa ajustada (pantalones blancos ceñidos y camisa rosa) y andares de modelo apareció por la puerta y se acercó a mí con un maletín plateado.
—Hola, cariño, ¿qué te hago? —dijo con voz empalagosa mientras mascaba un chicle.
—Un peinado que no se parezca en nada al que tiene ahora —respondió el Jefe por mí.
—Eso está hecho —repuso el presunto peluquero, dejando el maletín sobre la mesa que había a mi izquierda y abriéndolo en un movimiento fluido. No llegué a ver lo que había dentro porque él giró mi silla antes de que pudiera hacerlo, de forma que suspiré de nuevo y dejé que comenzara.
—¿Te gusta el color negro? —preguntó, toqueteando mi pelo.
—Sí, bastante —respondí con sinceridad.
—Tienes suerte —dijo con un curioso acento “a lo pijo”—, ahora se lleva bastante.
Me daba un poco de miedo lo que ese... sujeto podía hacer con mi pelo, pero no objeté nada.
Me lavó (el pelo, eh), cortó, tiñó y peinó en poco rato. Cuando por fin terminó, se colocó delante de mí y sonrió, triunfal, tendiéndome un espejo. Cuando me vi reflejada no supe en absoluto qué debía decir.
Por un lado, ¡se había desecho de mi melena! ¡Era un crimen! Mi preciosa melena ondulada, de color caoba, había desaparecido. Por otro lado, el corte no estaba nada mal. Me había teñido el pelo de color negro y lo llevaba corto y liso, dejando que cayera libremente a cada lado de mi rostro. Me llegaba casi hasta los hombros. También me había hecho un largo flequillo que finalizaba justo encima de mis ojos, tapando las cejas ahora bastante más claras que el cabello.
Miré una y otra vez mi pelo. En realidad no era negro mate, era más bien brillante; pero un brillante... casi azulado. Raro.
—Es un corte un poquito juvenil, pero tranquila, seguro que así nadie te reconoce.
—Eso ya se ve... no me reconozco ni yo...
—De todos modos, ya te acostumbrarás. Es cuestión de tiempo —declaró John, recogiendo los utensilios que había sacado de su maletín—. Si me necesitas, aquí tienes mi número. Au revoir, ma cherie —se despidió tras darme una tarjetita, y se marchó de allí. El Jefe, que nos había dejado solos, vino a mi encuentro.
—Vaya, qué cambio.
—¿Para bien o para mal?
—Ninguno. Es... diferente.
—... gracias. Creo.
—Ahora faltan las lentillas.
Me condujo a una sala de la Asociación en la que nunca había nada, salvo una mesa de metal. Cuando entramos tampoco había mucho más que las otras veces; tan sólo estaba una mujer con el pelo rojo como el fuego, apoyada contra la pared mientras fumaba un cigarro, y otro maletín, esta vez blanco, situado encima de la mesa. Me acerqué con el Jefe al maletín y saludamos a la mujer.
—Sandy, ésta es Romilda —presentó el Jefe—. Necesita un cambio de color para los ojos.
—Enseguida.
La tal Sandy apagó el cigarro y lo tiró al suelo ante la mirada reprobatoria pero silenciosa de mi jefe. Éste se marchó cerrando la puerta tras él, y nos dejó a solas.
—¿De qué color son tus ojos ahora? —me preguntó, acercándose a mí para verlos.
—Verde oscuro.
—Mm... vale.
Abrió el maletín, y ante nosotras apareció todo un arsenal de cajitas blancas, negras y grises. Todas eran de lentillas de distintos colores, pero había muchísimas.
—Nunca pensé que existirían tantas tonalidades para los ojos —observé con sorpresa.
—En realidad sólo la mitad de estas tonalidades están en el mercado. La mayoría son de nuestros propios laboratorios, colores especiales que acaban de inventarse. Éstas lentillas tienen otra composición que las normales (bueno, las de nuestro laboratorio). Permiten llevarlas más de un día, puedes estar con ellas incluso diez, aunque es mejor cambiarlas cada semana.
—Genial. ¿Qué color me recomiendas?
—Pues teniendo en cuenta que es mejor no usar ninguna tonalidad de verde ya que podrían confundirla con tus ojos, y teniendo en cuenta también tu color de pelo...
Rebuscó en el maletín hasta encontrar una cajita gris claro que me tendió.
—Mira a ver si te gusta el color.
Sujetó un pequeño espejo enfrente de mí, cerca de mi rostro, para que me pusiera las lentillas correctamente mientras me miraba. No me había puesto nunca, pero al final conseguí hacerlo con éxito y al mirarme al espejo tenía los ojos azules.
—Color azul celeste. Hay seis lentillas por cada caja, si cada par las llevas una semana, en total una caja te tiene que durar tres semanas. Como no sabemos cuánto tiempo vas a tener que llevarlas, te voy a dar varias cajas y te las guardarás.
—Vale, muchas gracias.
—De todos modos, si no te gusta el color al cabo de un tiempo llámame y te daré de otro.
—De acuerdo.
—¡Jefe!
El Jefe vino de nuevo, y tras despedirnos de Sandy, los dos fuimos a su despacho (por primera vez en muchos días; por el ascensor). Allí estaban Jack y Zac.
—Hola chicos —saludé.
—¡Rom...! —exclamó Jack, asombrado—. Qué cambio...
—¿Para bien o para mal? —repetí lo que le había dicho al Jefe.
—Para bien, claro —respondió Jack con una sonrisa.
—¿Quieres decir que no estaba guapa antes? —inquirí mientras levantaba una ceja.
—No, claro que no... ¡Quiero decir...! Quería decir que no me refería a eso, sino que...
Sonreí ante el apuro de Jack.
—Eh, tranquilo. Te he entendido a la primera —le hice saber.

3 comentarios:

Divinum Eximia dijo...

Antes de nada, por mí blog ni te preocupes, cuando quieras y puedas ahí estará. Yo no tengo prisa ;)

Y ya sobre la entrada, me ha encantado el cambio radical de Romilda. Ha sido muy original todo el tema de las lentillas, etc. Me ha gustado bastante.

Tampoco voy a comentar demasiado porque el ordenador ha decidido amargarme el día, o más bien, la noche. Y he tardado más en centrarme en este blog tuyo, no porque me guste menos, sino porque este lleva más tiempo y en el otro no habían tantas cosas. Igualmente, mírame, aquí estoy x'D

Pasa una buena noche^^

PD: De nada.

Fer dijo...

:O Más partes, aunque ha cambiado bastante la situación igual está bien =).

Pero, ¿por qué has tenido que utilizar el cliché de peluquero "gay-locaza"? xDDDD (Bueno eso me parece a mí jeje) (Es que yo y la pluma nos llevamos algo mal XD)

Pero de todas formas, que humedezca de vez en cuando las lentillas, que cuando se secan son un incordio XD te lo digo por experiencia.
=P

Kirtashalina dijo...

Eximia: Muchas gracias por la paciencia, de verdad ^^ Es que tengo tantos blogs por leer que no sé por dónde empezar TT
Me alegro de que guste el cambio :)
¿Qué te ha hecho el ordenador para amargarte la noche? :/
Sí es verdad que aquí hay más cosas, ¡es que tiene un año! xD

Fer: Sí, ha cambiado un poco, aunque en realidad esta parte es anterior a la que colgué primero xD Es un poco lío, lo he desordenado...
Bueno, sinceramente, es que lo escribí hace mucho tiempo y no me apetecía cambiarlo xD Entiendo que no te guste, pero tranquilo, que ese personaje es terciario y no sale más :)

Gracias por el consejo ^^

Un beso a los dos n.n