Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

lunes, 8 de febrero de 2010

Sangre en las alas.


Aterricé frunciendo el ceño, con una sospecha en el corazón. Me puse en cuclillas e incliné la cabeza, cerrando los ojos y sosteniéndome con las manos apoyadas en el fangoso suelo. Plegué las alas y las reducí hasta que no fueron más que dos manchas blancas en mi espalda. Había seguido al joven soldado durante tres días, sin paz ni descanso, durante los cuales ni comí ni bebí, ni siquiera me detuve para dormir o relajarme, pues debía estar alerta las veinticuatro horas del día para no perder de vista al muchacho, ya que volaba a una altura generosa para que no me viera, aunque entre tanto árbol y follaje era fácil dejar de divisarle. Estaba yo sola con mis cuchillos, yo y nadie más, salvo aquél joven adolescente, incapaz de avanzar a gran velocidad, pero con un incesante ritmo y casi alegría, no abandonaba su propósito de llegar al reino de Raknor. Tenía ganas de enfrentarme de nuevo con la reina Lisha, aunque en nuestro encuentro no salí exactamente bien parada, pero eso se debía a que no estábamos en igualdad de condiciones, y aunque hubiera conseguido herirla o matarla, su corte de cien soldados por habitación en su palacio no ayudaba mucho a mi victoria, precisamente.
Había aterrizado a unos cincuenta metros del chico y casi lo pierdo de vista con los espesos árboles y la hojarasca que los cubría, pero al recorrer unos metros más me di cuenta de que se había detenido. Bien, eso me proporcionaría un momento de descanso, pues mis alas ya no daban abasto y reclamaban a gritos un poco de sosiego y calma. Hacía calor, así que me senté a la sombra de un gran árbol frutal, descansando mientras comía un poco, pero sin perder de vista al soldado adolescente. Observé cómo él se quitaba la ligera armadura de metal, y después la camisa blanca que le protegía de los roces, acto seguido él se metió en un pequeño río que cruzaba el bosque a lo ancho. Se bañó durante unos minutos y deseé poder hacer lo mismo, pero era más fácil que me descubriera o que yo dejara de verle por algún momento.
Estuve pensando en el trayecto que habíamos seguido, y la distancia que habíamos recorrido, y calculé que faltaban unos dos días para llegar a los dominios de Lisha y su séquito de repugnantes seguidores. Era inusual que dejaran a un muchacho a merced de la naturaleza, sin contemplaciones, sin piedad, tan sólo para entregar un lejano mensaje. Además, él estaría cansado, y sin duda, deseoso de llegar a casa, pero casi no se detenía y comenzaba a inquietarme por ello. ¿Qué persona aguantaba varios días seguidos sin detenerse, siguiendo el camino que le habían encomendado, sin más recompensa que un puñado de monedas falsas cuando llegue a su hogar? Él tenía comida, le había visto sacar alimentos del bolso que llevaba al cinto, y aunque eran pequeños, de vez en cuando llegábamos a una parte del bosque con árboles frutales y un riachuelo, como en la que estábamos en el momento, pero aún así, la moral que debía tener… cualquier persona normal necesitaría un argumento por el que continuar tan larga lucha y espera, no un puñado de monedas con el que poder mantenerse un mes, si ahorrabas en comida y comodidades. Pero, ¿qué motivo era el suficiente para casi dar tu vida en el camino…?
Y entonces lo comprendí. A toda prisa me levanté y desplegué mis alas a velocidad sobrehumana, pero no me dio tiempo de sacar mis cuchillos antes de sentir un frío filo en el cuello.
—Quieta, preciosa, no querrás que te rebane el pescuezo —me dijo una voz pegajosa al oído, y me estremecí entera nada más oírla. El hombre de la voz se rió.
Vi entonces al muchacho soldado que avanzaba hacia mí, con el torso al aire y una maléfica sonrisa en el rostro.
—No creerías de verdad que estaba sólo e indefenso, ¿verdad? —preguntó con burla, y yo le escupí en la cara con una puntería digna de un profesional. En todo el ojo…
—¡Matadla! —ordenó, y la dureza de sus palabras me hizo pensar en aquel extraño personaje. ¿Quién sería para ordenar tal cosa a otro soldado? Me fijé en su rostro y distinguí unos rasgos medianamente conocidos.
—Eres el futuro esposo de Lisha, ¿verdad? —pregunté. El chico, que se había comenzado a alejar, se dio la vuelta y me miró con una sonrisita en el rostro.
—Sí, hermosa, pero si quieres puedo entretenerte antes de tu ejecución —dijo enseñando los dientes, y con la mano derecha me acarició la mejilla, pero pronto bajó hasta mi cintura y siguió bajando, llegando a los límites de mi vestido… Yo me enfurecí más de lo que ya estaba y mi aura se endureció, el chico salió despedido por los aires y aterrizó unos cinco metros más allá, de lleno en un charco de barro especialmente hondo.
—No te atrevas a tocarme —le advertí con fuego en la mirada, y no especialmente caliente del modo en que estaba él. El novio de Lisha le dio una orden al soldado que me mantenía sujeta y con una cuchilla en el cuello, y éste enseguida pasó a la acción. Movió con rapidez la navaja, haciéndome un corte profundo en el cuello e hiriéndome gravemente. Caí al suelo, de rodillas, cuando el hombre me soltó, pero mantuve la compostura y no lloré ni grité. Cerré los ojos, mareada, mientras un dolor agudo me atravesaba el cuello y me hacía perder el equilibrio. Incliné la cabeza y apoyé las manos en la tierra mojada, intentando poder respirar con normalidad y disminuir el dolor, pero éste no desaparecía y, desalentada, entendí que no tenía nada que hacer. Estaba el futuro marido de Lisha, pero también estaba el soldado que me había cogido por sorpresa, y seguramente, muchos más…
—Córtaselas —oí decirle al joven muchacho, seguido de una afirmación del soldado que me había herido. Creí saber, con horror, lo que iban a hacerme, y cuando me agarraron las dos alas blancas emplumadas con brutalidad, mi corazonada se cumplió.
—¡No..! —conseguí pronunciar—. Por favor… mis alas…
—Oh, pero si la pajarita sabe pedir clemencia y todo —dijo el joven con voz infantil y aguda—. Córtale las alas, le regalaré la pluma más larga a mi futura esposa, y lo demás lo utilizaremos como jergón para los perros.
Semejante atrocidad no podría ser cierta, pero temía que así fuese. Intenté detenerles, pero igualmente sentí la fría hoja de una espada en el nacimiento de las alas, en medio de la espalda, y al instante un sonido como de algo rasgarse, seguido por un intenso dolor, aún mayor que el del tajo del cuello, mil veces más fuerte. Y ésta vez sí grité, no sólo por el dolor, sino porque había perdido mis alas y, aunque fuera a morir, los pocos segundos que me quedaban de vida, vivirlos sin mis alas, era vivir humillada. Por eso me desplomé en la tierra, todavía consciente, mientras sopesaba la opción de pedirles que me mataran allí mismo. Estaba bocabajo en la tierra, pero con el pie, el soldado me dio la vuelta y me enseñó mis alas, antes inmaculadamente blancas, ahora manchadas en su nacimiento y salpicadas por toda su extensión de mi roja sangre. Me mareé todavía más y tan sólo pronuncié unas palabras antes de que el mundo se derrumbara sobre mí.
—Pagarás por esto, Sagher…

3 comentarios:

Rhynor dijo...

perdon por no comentar ayer es ke era muy largo lo ke estaba poniendo y se trabo mi ordenador y la apage y cuando lo eskribi de nuevo llegaron mis padres y aun no terminaba y lo apage de nuevo
bueno ps no lo pondre todo para ke no me pase lo mismo ke la vez pasada

con lo de la vestimenta perdon si t ofendi es ke eso parecen pero no lo volvere decir zorrie

bueno el texto zta genial aunke no me acuerdo de mucho porke lo lei ayer
y ese pendejo te keria violar o ke? me estremeci al leer eso
bueno ya me voy ke estoy con ganas de matar y de suicidarme aunke se oiga terrible asi es
dew

La Dama Lobuna dijo...

aa veeer Rhynor:
1. No me ofendiste con lo de la vestimenta, tranqiii¡¡¡
2. graciaas por lo del texto, ya puede estar bien, me costoo nada menos qe una orita..
3. tampoco es qe la qisiera violar, simplemente le metia mano, pero ya ves qe la chica reacciona bastante agresivamente... pero esa es la finalidad, acer qe la gente se sienta con miedo cuando pasan cosas asi,...
4. lo de matar tambien tengo ganas yo tambien, llevo un diaa... aunqe de suicidarme no, pero..

La Protegida dijo...

jaja sta genial diana tan bien kmo siempre!!!!!!!!! teek mu bn sigue asi!