Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

jueves, 11 de febrero de 2010

Prisionera


Intenté gritar, pero la mordaza me lo impedía. Los brazos comenzaban a cansárseme, y mis muñecas estaban rojas e hinchadas de intentar soltarlas de la soga que me sujetaba. Se me nublaron los ojos, pero tan atemorizada estaba que ni siquiera era capaz de llorar, ni tan sólo de soltar una triste lágrima. Él paseó por delante de mí, con la pistola en la mano y el dedo sobre el gatillo, pero sin apretarlo. Emití unos pequeños gemidos que no sirvieron de nada, pero era lo único que podía hacer para que Jackson me encontrara a tiempo.
—Vas a morir —me dijo el hombre con una sonrisa—. Es una pena…
Le miré con ojos suplicantes, intentando pedir piedad, pero él no me hizo caso y me apuntó con su arma negra. Comencé a llorar entonces, impotente a cualquier movimiento que me permitiera salvarme. Él todavía tenía sangre en el rostro debido a la patada que yo le había propinado y la nariz que le había roto, y se agarraba el vientre con la otra mano por el soberano puñetazo que conseguí asestarle momentos antes. Pero nada contaba ya. Me iba a matar.
Me miró una última vez y comenzó a pronunciar mi nombre.
—Adiós, Alb…
—¡ALBA! —rugió entonces Jackson, entrando bruscamente en escena, acompañado de un montón de agentes del FBI. Antes de que el hombre pudiera matarme, Jackson le disparó y el asesino se desplomó, cubierto de sangre. Jackson vino derecho hacia mí y me desenganchó la cuerda que me ataba las manos del clavo que había en la pared. No intentó separarme las manos, porque sabía que era imposible desgarrar aquella soga con las manos tan sólo, así que pasó la cabeza por el hueco entre mis brazos y me rodeó el torso con los suyos, abrazándome. Le manché entero de sangre y lágrimas, allí en una celda oscura, lloré sobre su hombro mientras él me protegía de mis miedos.
—Tranquila, ya estoy aquí —me susurró al oído. No hay palabras para describir eso, es imposible expresarlo de alguna manera, pero sentir que Jack me había salvado de la muerte, que yo había pasado en diez segundos de estar casi muerta a protegida y a salvo… era impensable.
—Jack —dije, llorando—. Gra… grr… graci… gracia…
—Shh —dijo él, acunándome contra su pecho—. Lo siento, Alba, de veras lo siento, tendría que haber llegado antes…
—N-no —dije yo—. Has… venido a… tiem… tiempo —conseguí decir.
—Te prometo que siempre estaré a tu lado —me aseguró, casi al borde de las lágrimas él también—. Nunca más me separaré de ti.

3 comentarios:

La Protegida dijo...

k sta mu bn kmo siempre!!!!! jaja teek!!!

La Dama Lobuna dijo...

jajaj axiaas uaapa

Palabras en la noche dijo...

mu bn wapa besososs!!!