Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

miércoles, 27 de abril de 2011

Mulan

Dos lágrimas saladas se escurrieron por su mejilla, dejando un pequeño rastro brillante en su rostro lleno de mugre. Parpadeó varias veces antes de levantarse y salir corriendo. El general, sin embargo, la detuvo.

—¿Dónde crees que vas?

Ella chilló.

—¡A buscarlos! ¡A encontrarlos, a matarlos! ¡Hacerles pagar por lo que han hecho!

—Tu impulsividad le ha costado la vida a muchos de nuestros hombres hoy, ¿acaso no te das cuenta?

Tras la emboscada que había sufrido el general, ella había acudido en su busca con la mayor parte de la tropa armada, dejando indefenso el campamento. Los enemigos habían aparecido entonces, y provistos de sus armas y escudos, habían acabado con casi la mitad de la legión.

El general la soltó y le dio la espalda, respirando hondamente. Ella bajó la cabeza.

—Es culpa mía —comenzó, haciendo un esfuerzo por no llorar—. No debí ir a buscarte. Debí haber hecho lo que me decías.

El general cerró los ojos. Ella continuó.

—Pero tenía tanto miedo de que no regresaras… —una lágrima se le escapó de entre las pestañas entrelazadas—. He perdido a muchos seres queridos… no quiero perderte a ti también.

—Tu padre tenía razón. No debemos tener sentimientos durante la guerra —dicho esto, comenzó a andar. Ella siguió hablando, deteniéndole.

—Si hubieras estado en mi lugar… —avanzó unos pasos, acercándose hacia él— ¿no habrías venido a buscarme?

El general no dijo nada, pero le tembló el labio. Se le escapó una lágrima, y luego otra, y lloró tan despacio y en silencio que sus ojos se inundaron y no fue capaz de ver nada. Tras unos segundos, se pasó la mano por los ojos para borrar toda huella de tristeza y antes de marcharse contestó con simpleza:

—No.

Los pasos de su marcha fueron tan lentos como los latidos del corazón de ella, que amenazaba con detenerse por momentos ante la inminente mentira. Cayó al suelo de rodillas, agotada, y juró que, a partir de entonces, las estrellas serían su única compañía.

5 comentarios:

Divinum Eximia dijo...

Reconozco que me he tirado a leerlo por el título jaja. Muy buen relato. Me ha gustado mucho.

Siéntete afortunada porque no me da tiempo a leer ni comentar nada y aún así ¡Te he comentado! jaja

Un saludo^^

Divinum Eximia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kirtashalina dijo...

xDDD
Pues muchas gracias!!! (Si es que Mulan es genial *_*)

Un beso, guapa :)

Escritora Laura M. Lozano dijo...

Como siempre me ha gustado.
Un beso. =))

Kirtashalina dijo...

Muchísimas gracias Laura :)
Un besazo!