Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

domingo, 30 de enero de 2011

Cap 7 - La carta

Deslicé la punta del bolígrafo por el trozo de papel mientras Sangilak me esperaba con paciencia. Tuve gran cuidado en escribir con buena letra la gran parrafada que tenía que soltarle a Cora, puse esmero en no emplear palabras que fueran a herirla más de lo que ya le habría herido el contenido de la carta en sí. No era valiente por mi parte irme sin decirle nada, pero no me dejaría marcharme si le ofrecía la posibilidad de detenerme.

Podría haberle dejado una nota en el ordenador, pero eso siempre deja huella en alguna parte, y la última frase que imprimí en la carta de despedida explicaba concienzudamente que había que romper el dichoso papel. Si alguien se apoderaba de él, descubrirían mi posición y, por tanto, la del grupo de los rebeldes. Así que me limité a escribir con un viejísimo boli sobre un trozo de una página de un libro. No había encontrado más material en casa, de forma que fue lo único que se me ocurrió.

Cuando terminé, dejé el bolígrafo junto a la carta y esperé unos segundos. Sangilak se acercó a la mesa que me había servido de apoyo y posó su pata delantera derecha sobre el final de la hoja, dejando su huella impresa. Acaricié con suavidad las orejas del lobo y firmé al lado de la marca de mi guardaespaldas. Después, salí de la cocina y llegué al vestíbulo. Me puse encima la capa negra que colgaba de la pared, atándomela al cuello gracias a unos cordones plateados con los que hice un lazo de nudo doble. Abrí la puerta y al descubrir que llovía, me cubrí la cabeza con la capucha que traía incorporada la capa.

—Vamos, Sangi —dije en un intento de convencerle a él, pero sobre todo, de convencerme a mí misma—. Estoy preparada.

Salimos del edificio, y ya en la calle la lluvia nos dio una empapada bienvenida.

* * *

Llegué cansada al mausoleo de mis padres. A esas horas de la madrugada no había trenes disponibles, al menos no en aquella ciudad, por lo que tuve que ir andando con Sangilak. A ratos él me llevaba en su lomo, pero él también se cansaba. De forma que alternando la manera de viajar, llegamos allí casi cuatro horas después. No tardaría en amanecer, suerte que Cora se había ido pronto a dormir y me había preparado tan pronto como me fue posible.

Entramos solemnemente al monumento de piedra. Una vez dentro descubrí sin demasiada sorpresa que nadie había limpiado aquello. Los restos de cristales y sangre seguían allí, pero el atacante de la otra vez no estaba. Me debatí internamente sobre si aquello era bueno o malo mientras observaba las enredaderas que trepaban por las paredes y se enrollaban alrededor del altar y las dos tumbas. La luz de la luna le daba un aspecto fantasmagórico a aquello, pero no había nada que temer. Tan sólo tenía que encontrar la entrada…

Avancé hasta el lugar en el que reposaban los cuerpos de mis padres y examiné con detenimiento algo que fuera capaz de activar un mecanismo que me llevara con los rebeldes. Repasé hasta el más mínimo detalle, pero no había nada. Resignada, seguí buscando, aunque esta vez de forma mucho más airada.

Al llevar ya más de media hora en busca de algo que parecía inexistente, me senté en el suelo apoyando la espalda en una de las tumbas y abrazándome las rodillas. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando experimenté una fuerte sensación de fracaso, que se sucedió a la de tristeza y soledad. Segundos después Sangilak se acercó a mí y puso su hocico en uno de mis brazos, intentando animarme. Le miré sin verle realmente y volví a hundir el rostro entre las rodillas. Mi lobo se apartó de mí, aunque no supe adónde fue. Simplemente escuché sus pisadas dar vueltas por el recinto, parecía que iba a ayudarme a buscar. Lo que no me esperaba era que un rato después aullara como no lo había hecho nunca. Levanté la cabeza por segunda vez y vi la silueta recortada de Sangilak sobre una luz demasiado potente para ser de la luna; procedía de la tumba más alejada de mí, la de mi madre. Me levanté con cuidado, limpiándome los restos de lágrimas del rostro con la manga de mi oscuro traje.

Avancé hasta Sangilak y miré el punto del cual venía la misteriosa luz. Tenía un increíble tono beige brillante, como si de marfil pulido se tratase. Acerqué mi mano derecha al foco de luz, el cual me envolvió y comenzó a volverme invisible el brazo entero. Sentí un cosquilleo en la piel mientras observaba, incrédula, como la luz se me tragaba. Miré a Sangilak a la espera de una explicación que no llegó. Supongo que fue una tontería pensar que el lobo me hablaría, pero que él hubiera encontrado el portal que, se suponía, yo estaba destinada a encontrar, me había trastornado un poco.

El guardaespaldas puso también su pata en la luz, la cual comenzó a desaparecer como mi brazo, mi hombro, y parte del torso y el cuello. El resplandor dorado también ocultó la mayor parte del cuerpo de Sangilak, aunque éste ni siquiera protestó. Sentí que agonizaba por momentos y, después de unos angustiosos segundos en los que fui incapaz de ver a mi entonces mejor amigo, la oscuridad se lo tragó todo y me arrebató la consciencia.

* * *

Abrí los ojos, dolorida, e intenté incorporarme. Mis dedos se toparon con un terreno fangoso y húmedo, pero a pesar de todo conseguí levantarme. Me miré el cuerpo y comprobé que estaba entera: la luz no me había matado, al fin y al cabo. Al sentir la presencia de Sangilak supe que él también estaba bien.

Ya no llovía, así que me quité la capucha, la cual (no sabía por qué) me había mantenido puesta en el mausoleo. Empezaba a hacer frío, pero mi traje reforzado evitó que perdiera el calor acumulado. Examiné el paisaje de mi alrededor, vigilando por si estábamos en peligro o alguien nos observaba desde las sombras.

Estábamos en pleno bosque. No se veían rastros de la civilización humana, pero supe que estaba en el lugar correcto. Árboles enormes cuyas razas no supe distinguir se superponían los unos a los otros con sus largas y tupidas ramas, plagadas de hojas tan verdes como el suelo lleno de musgo y barro. Las raíces de los altos especímenes arbóreos escapaban del suelo y creaban una superficie difícil por la que caminar. Tomé nota de aquello para acordarme en el momento en el que tuviera que huir de algo (si tenía que hacerlo, claro).

Avancé hasta uno de los árboles, acercando mi mano a él y, de pronto, se iluminó. Una brillante luz dorada le recorrió desde el centro del tronco hasta las puntas de las ramas y el final de las raíces. Incrédula, fui tocando los árboles uno a uno, pero no salió luz de todos ellos. Iban por parejas, por así decirlo, y al cabo de unos minutos me percaté de que si caminaba en línea recta entre ellos, éstos me conducían a algún lugar. Sonreí por primera vez en mucho tiempo, pues me pareció un sistema excelente de proteger la localización de un emplazamiento, especialmente si era una base cuyos componentes tenían ideas contrarias a la del presidente.

Seguí el camino, posando de cuando en cuando las yemas de mis dedos sobre la corteza de los árboles para saber por dónde seguir. Palpé uno de los bolsillos de mi pantalón, pero descubrí que me había dejado el reloj en casa. De todas formas, supuse que amanecería pronto, pues el cielo parecía un poquito más claro desde que había llegado allí.

Más o menos una hora después, y tras mucho rozar los árboles, éstos dejaron de iluminarse, dejándome parada en mitad de la nada.

—¿Y ahora qué? —murmuré, mirando a mi alrededor—. ¿Qué tenéis pensado para mí?

Sangilak se sentó a mi lado, diciéndome con la mirada que era hora de descansar. Admitiendo que parecía más listo que yo, le imité y me puse en posición fetal, dejando mi espalda en contacto con la suya. Él soltó un gruñido de buenas noches y yo sonreí.

—Hasta mañana, San —me despedí, comenzando a sentirme cansada de pronto—. Mañana seguiremos.

Mi mente confundió la negrura de la noche sin estrellas con la nada y me envolvió con ella, atrapándome en el reino de los sueños mientras, en aquel bosque de árboles plateados, alguien cogía en brazos a una joven y era seguido por un gran lobo negro.

4 comentarios:

Fer dijo...

:O :O
¡¡Quiero la continuación ya!!

Mola ^^

Kirtashalina dijo...

Ohh muchas gracias Fer ^^
Intentaré tenerla pronto, pero es que pronto estaré de exámenes.... T_T

Un beso :)

escritora Laura M.Lozano dijo...

Bien, pues si estás de exámenes , nos nos queda más remedio que esperar a que los termines y a ser posible exitosamente. Por mí tendréis que esperar también, me operan el día 8 y por lo menos una semana voy a estar "in hospital" pero estoy segura que regresaré nueva para encontrarme con el esperado capitulo por esta página. Un superbeso. =))

Kirtashalina dijo...

Sí, yo también espero hacerlos bien xD
Pues que vaya bien la operación, mucha suerte. Espero que no sea nada grave :/
Un beso!

PD: Por cierto, tardaré un poco más (aparte de los exámenes) porque el capítulo que viene es largo y costoso xD Tengo que describir muchas cosas, inventar personajes que aún no había creado, cuadrar imágenes físicas con mentales, incorporar personalidad a los cuerpos... xD Vamos, que buen puente me espera!! (Yo ni mañana y ni pasado voy al insti, que aquí es fiesta por San Blas ^^)

Un beso!!