Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cap 8 - La Noche del Mustang (1/3)

Me desperté rodeada por una multitud de sonidos. Antes de mirar traté de adivinar qué ruidos eran característicos del lugar en el que me hallaba. Primero distinguí el frágil y agudo canto de unos pájaros que, animados, competían entre sí por ser el que alzaba más la voz. También supe diferenciar el sonido de pisadas en la hojarasca seca, las cuales producían un crujido agradable al oído. Escuché cómo una corriente de agua se escapaba de alguna parte. ¿Habría una fuga en algún depósito? Aparté esos pensamientos de mi cabeza y me centré en lo demás. Los últimos sonidos que me quedaban por describir, y probablemente los que más fuerte sonaban, eran las voces humanas. No eran aniñadas, la mayoría parecían bastante adultas. Principalmente se escuchaban las risas de unos chicos, o tal vez hombres, aunque también pude apreciar la seria conversación entre dos personas de sexo femenino. Abrí los ojos.

Como estaba tumbada boca arriba, lo primero que vi fue el techo de la construcción en la que me hallaba. Era un techo compuesto principalmente por madera, pero no madera cortada y pulida, sino ramas de árboles que parecían recién arrancadas. Había también algunas hojas de colores pardos que se escondían entre las vigas más gruesas, pero se camuflaban tanto con las ramas que no se sabía qué era qué.

Me incorporé y examiné mejor el lugar. Me hallaba en una sala medianamente grande. No divisé puerta alguna por la que se podría entrar, tan sólo vi un agujero más o menos de mi altura medio cubierto por una tela. En la curiosa habitación había una tosca mesa, también de madera, una silla igualmente trabajada, un pequeño armario con cajones y, por descontado, el lecho donde me hallaba. Éste constaba tan sólo de un cúmulo de hojas envueltas por un gran trozo de tela, y algo parecido a una manta hecha con cuero de algún tipo de animal similar a una cebra.

Sangilak se encontraba durmiendo a mi derecha, en el suelo. Sonreí y le acaricié con dulzura hasta que se despertó. Se levantó y me lamió las manos cariñosamente, mostrando su afecto.

—¿Qué pasa, me vigilabas? —le dije, aun a sabiendas de que no iba a contestarme. Él posó su mirada en la mía y me di cuenta de que sus ojos ya no eran negros, sino marrones— Sangi… —murmuré con sorpresa. Era mi lobo, sin duda, pero sus ojos ya no eran los de antes.

Decidí quedarme un poco más en la “cama” (que no se me antojaba demasiado incómoda a pesar de todo) antes de salir a explorar mundo. Sangilak se acercó a mí y apoyó su cabeza en mi regazo, dejando que le acariciara las orejas mientras yo seguía pensando en la razón por la que sus ojos se habían tornado de un matiz más claro.

—Veo que ya estás despierta —dijo una voz, sobresaltándome. Levanté la mirada del oscuro pelaje de mi lobo y posé los ojos sobre la puerta de aquel lugar, que era de donde provenía la voz ya mencionada.

Y allí estaba el encapuchado...

3 comentarios:

Fer dijo...

OMG! A ver sí le han cambiado al lobo... Hehe.
=D

Kirtashalina dijo...

Jajaja ya lo descubriréis... xD

Kirtashalina dijo...

Jajaja ya lo descubriréis... xD