Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

viernes, 18 de enero de 2013

Sirena


Escondido en las profundidades de mi habitación, me examiné las manos y contemplé la posibilidad de hacer algo de mínima utilidad con ellas. Hacía mucho tiempo que no les daba un buen uso; preparar el desayuno, hacer la cama y escribir apuntes no eran cosas importantes. Agarrar la pelota de baloncesto en los partidos después de clase tampoco lo era. Ni desenredar la correa del perro para sacarlo a pasear por la calle más larga y sinuosa de la ciudad.
Lo que yo quería era crear, mancharme las manos de arte, empaparlas de palabras y de las sensaciones que me transmitía la música, crear un ritmo con los dedos, amar con la piel, escuchar el viento vibrar entre las palmas. La necesidad de hacer algo era demasiado fuerte, pero qué, qué hacer, ésa era la cuestión, porque si bien me sobraban ideas, no iban de la mano con el tiempo.
No me atrevía a salir. Ya no era una cuestión de aguantar palabras ajenas con la boca cerrada, no era cuestión de agachar la cabeza y absorber los insultos como una esponja, no era cuestión de ser fuerte y aguantar todo aquel veneno que se me colaba entre los poros de la piel y se instalaba entre mis huesos, ahí escondido, para hacerme fallar en el momento menos oportuno. Ya no se trataba de eso, sino de otra cosa bien distinta.
Salir de allí sería como entrar en una sala oscura después de pasar todo el día a pleno sol mirando al cielo; me sentiría desorientado, mareado, incapaz de ver nada. Las paredes del pasillo eran demasiado negras para mí tras pasar tantas horas en mi habitación azul; las escaleras, pequeñas y estrechas, me parecían claustrofóbicas en comparación con el parquet llano y suave de mi pequeño santuario. Y los sonidos, ah, la amplia gama de sonidos… era algo tan diferente que podría catalogarse en distintos capítulos.
Hacía mucho que había dejado de prestar atención al mundo exterior. Me parecía algo tan sencillo y banal que no tenía la menor intención de dedicarme a cosas que no me interesaban. Vive y deja vivir, ése era mi lema, y si alguien decidía atacarme traspasando los límites de mi territorio ya entraría en un conflicto directo conmigo, tanto si quería como si no. Era el precio a pagar por despreciar mi arte, por rebajar mis obras al nivel del barro que todo el mundo pisa pero al que nadie presta atención.

Así que pinté, pinté mil y una cosas después de dibujar, y luego coloreé de nuevo, esta vez con palabras, y entonces dos idiomas distintos se mezclaron creando algo único, como cuando fruto de dos razas unidas nace un primogénito de evolución mejorada, de anatomía mayor eficiente. Y en mi cuaderno aparecieron manchas de tinta que formaron notas musicales y claves de sol; claves de sol que bailaron con claves de fa y cantaron a coro con los silencios, siempre presentes, discretos y sutiles como el viento en una noche silenciosa. Y todo, las melodías, las palabras, los trazos en el papel, todo eso desembocaron en ella, en ella y en nadie más, porque la inspiración no podía venir de ninguna otra parte.
'¿Qué escondes en esos ojos?'
'Una canción de arpa. Y el consejo de la luna.'

Eso le pregunté una vez. Y eso me contestó.
El consejo de la luna. ¡Qué graciosa! Era algo tan ridículo que no supe si llorar o estallar en carcajadas. ¿Cómo la luna iba a darle ningún consejo? Si ella era mayor, mayor que Luna y Sol y todos los planetas del Sistema Solar, del brazo de Orión, de la vía Láctea. Ella era superior a todo eso y más; la magnitud del espacio que ni siquiera entraba dentro de la mente humana era tan sólo una infinita parte de ella, de su belleza, del brillo de su piel y el tacto de su pelo, de todo aquello que tocaba y los gestos que hacía. ¿Cómo la luna iba a darle ningún consejo? Era como si un esclavo le diese una orden a un rey, o un campesino pronunciase un sermón a un dios supremo. Simplemente inconcebible, imposible, completamente irrealizable.

Y por eso ella era superior al resto. Porque lo demás carecía de importancia, porque era la única que brillaba en un lugar donde no había Sol ni estrellas, porque su sonrisa te borraba las penas del corazón y las lágrimas de llanto de las mejillas.
Amadla, os diré. Amadla, pero hacedlo de lejos y con cuidado, porque tiene la fuerza de mil titanes y la seguridad del señor del averno, y os aseguro que esa mirada por la que atravesarías océanos enteros a nado también es capaz de obligarte a engullir un mar de lava. Y aún así, la pena por sentir su odio en tus propias carnes sería el mayor dolor de todos.

8 comentarios:

Sapphire dijo...

No puedo imaginarme capaz de escribir algo así. Es muy, muy bonito, me ha dado la impresión de que lo realista y lo soñador se ha ido mezclando en el relato :)

Un abrazo.

Kirtashalina dijo...

Muchísimas gracias Sapphire *-* Me alegro mucho de que te haya gustado ^^

Un beso (:

ClaryClaire dijo...

Genial, Diana, como siempre:)

Posiblemente yo tampoco podría escribir así porque hace tanto tiempo que no lo hago en serio que creo que se me ha olvidado y todo xDD jajaja en fin, algún día me pondré.

Espero que todo vaya muy bieen:) Me ha gustado mucho!

Un besazoo(:

Kirtashalina dijo...

Muchas gracias Clara :3333333333
No digas eso, mujer, ponte un día y ya verás como poco a poco vuelve todo (:

Un beso enorme ^^

Anónimo dijo...

Jg, el relato es impresionante. La forma en la que fusionas la pintura,la escritura y la música ; como si fuese algo fluido, increíble. Como siempre, nunca decepcionas ^^

Abrazos rompecostillas

Ikana dijo...

Wow. Es una de esas cosas que te dejan sin aliento, desamparado y con la piel erizada o3o

Kirtashalina dijo...

BW: muchísimas gracias *-* Me alegro de que haya quedado fluido, no sabía si daba una buena sensación >.< Un beso enorme (:

Ikana: mil gracias (:

Oxy dijo...

"Amadla, pero hacedlo de lejos y con cuidado, porque tiene la fuerza de mil titanes y la seguridad del señor del averno"

Como a todo lo intenso.