Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

sábado, 13 de octubre de 2012

Amor


Cuando amas a alguien haces cualquier cosa. Incluso perdonar. Perdonar y olvidar cosas que normalmente no perdonarías ni olvidarías. Cuando amas a alguien confías en que ese sentimiento sea más fuerte que los problemas que pueda causar. Confías ciegamente porque es lo único que queda. No hay pensamiento lógico. No hay razón. Si, amas, amas. Sólo tú lo sabes. De la cabeza a los pies. No hace falta que nadie te lo diga. Tú sabes si amas o no, y si lo haces, estás condenado a sufrir por ello. Es lo que toca. No hay vuelta atrás.
Dicen que el amor es ciego, pero no es cierto. El amor es, simplemente, gilipollas. Por culpa de algo que no podemos ver, ni tocar, ni oler, sólo sentir, pasamos por cosas que nos habría gustado evitar. Situaciones por las que no pasarías.
Cuando amas a alguien, no importa lo que te pida, siempre lo harás. Porque le amas. Y no cumplir sus deseos sería contradecirte. Está claro; cuando amas a una persona, haces lo que sea para que sea feliz, incluso herirte a ti mismo. Por eso, el problema del amor radica en que las cosas duelen si no se comparten del mismo modo. Está bien amar a alguien.
No está bien que ese alguien no te ame.
Bueno, está bien. Pero duele. Algunas veces más que otras.
Y duele mucho más cuando te ama, no de la misma forma en la que le amas tú. Eso sí que es horrible. Como una herida abierta. Pero le amas. Así que le perdonas. Una y otra vez. Le perdonas, y sin darse cuenta te hace daño, y tú le vuelves a perdonar, con la boca cerrada y sin hacer ruido, porque amas y no quieres ver la angustia en sus ojos. Esos ojos.
Amas esos ojos.
Lo amas todo. Y, a veces, desearías no amar nada.
Pero en esas cuestiones tú no tienes ni voz ni voto. Amas, y punto.

Vuelves a perdonar. Olvidas, confías, sufres y te vuelves gilipollas.







Si me amáis, perdonadme la brevedad,
la pésima gramática y los pocos datos.
Necesitaba desahogarme.

4 comentarios:

Srta. Albaricoque dijo...

A ti se te perdona todo, y más cuando no hay nada que perdonarte.

Kirtashalina dijo...

Fer dijo...

Cuando amas a alguien te vuelves un completo idiota, y soy el primero en admitirlo, pero un idiota y de los grandes.

Nada más que añadir.

Bueno, dichosos ojos verdes!!

Kirtashalina dijo...

Buff, a mí me lo vas a contar xD

¿Son verdes los ojos que te pierden a ti? (: