Lionne.

Tú...

No eres tu nombre. No eres tu empleo.

No eres la ropa que vistes ni el lugar en el que vives.

No eres tus miedos, ni tus fracasos... ni tu pasado.

Tú... eres esperanza.

Tú eres imaginación.

Eres el poder para cambiar, crear y hacer crecer.

Tú eres un espíritu que nunca morirá.

Y no importa cuántos golpes recibas,

te levantarás otra vez.

domingo, 5 de junio de 2011

Cap 12 - Vieja pesadilla

Cora

Tal vez fuera más madura que el resto de jóvenes de su edad, pero no tenía derecho a hacerme aquello. Me dolía que no hubiera confiado en mí. No lo ha hecho porque no la quisiste escuchar cuando intentó marcharse, estúpida, dijo una voz en mi interior. No quise creerlo, pero al recapacitar saqué la conclusión de que mi conciencia tenía toda la razón del mundo. Quizá si hubiera sido más comprensiva con Hilda…

Su nota me había dejado descolocada. No me esperaba en absoluto que escapase, ni mucho menos la noche después del nombramiento del Presidente. En la carta no explicaba exactamente por qué lo hacía, pero creía adivinar la respuesta; pensaba vengar a sus padres.

Por supuesto, en un primer momento, cuando me nombró a Los Rebeldes, pensé que era una soberana estupidez. ¿Una niña de dieciséis años, en un grupo militar contra los jefazos del gobierno? Imposible salir ileso de allí. Había pretendido asustarla con aquellas sutiles amenazas, pero no había conseguido mi cometido. Hilda era fuerte, y no conseguías que se echara atrás a la mínima de cambio. Era bastante decidida; más de lo que yo era cuando me uní a Los Rebeldes con sus padres. Por aquel entonces tenía catorce años y mi conciencia no estaba plenamente desarrollada, por lo que me lo tomaba casi como un juego, y mi cerebro no era capaz de sentir el miedo que debería ante un peligro de tales magnitudes.

Ella no parecía tener miedo; pero yo sí lo tenía por ella. Sabía lo duro que era enfrentarse a un ejército tan grande y poderoso como el que protegía la ley del país, y eso no ayudaba a que me tranquilizase. Hacía ya más de un mes que se había ido, pero no había salido a buscarla. No por darle libertad, o incluso un escarmiento, sino porque juzgué que ella ya tenía autoridad suficiente para decidir por sí misma. Yo acataría las consecuencias de su decisión.

Recordé mi batalla, y me di cuenta de a cuántos había perdido. A Serafín y Loira, a todas mis amigas, incluso a él… Todo se había reducido a cenizas mientras yo trataba de escapar del mismo destino. Y al conseguirlo pensé en el significado de la vida. También me percaté de que mi existencia en ese momento no valía nada. Sin embargo, días después de aquello, me enteré de que Serafín y Loira tenían una hija; Hilda. Así pues, me encargué de actuar de tutora, madre y profesora (tanto de estudios como de armas), y tenía propuesto hacerlo hasta que cumpliera los dieciocho. Después, ella vería si se independizaba o no. Yo habría aceptado cualquier cosa.

Pero todo ese futuro se había desmoronado con tan sólo unas frases a boli azul en una página en blanco de un libro viejo. Lamentablemente, no conseguiría cambiar nada yendo tras ella. Debía solucionar por sí misma los problemas que se le pusieran delante.

Volví a pensar en la encarnizada batalla que había presenciado, muchos años atrás, y me estremecí entera. Un mal pensamiento me recorrió el cuerpo y comencé a convulsionarme a causa de una retahíla de escalofríos. Estaba enferma de amor, pues mi protegida se había marchado, poniendo su vida en peligro. Y algo me decía que no iba a volver.

4 comentarios:

Fer dijo...

Morirá SaSale.
Maybe... Para saberlo a esperar se ha dicho.

Kirtashalina dijo...

"La paciencia es una virtud".
Besos ;)

Carlos dijo...

Pobre Cora, se ve que ha sufrido mucho después de haber perdido a su gente. Y cuidar a Hilda todo este tiempo la honra. Espero que no le ocurra nada a Cora eh?' Ahora a ver que ocurre con Hilda y Odrix ;)

Kirtashalina dijo...

jajaj ya verás, ya verás... xD