martes, 10 de septiembre de 2013

winter

echo de menos el invierno.
echo de menos construir un nido entre mantas y palabras y sentir el calor que rezuma mi propia sonrisa. las noches en vela, las letras de canciones susurradas, los labios y las manos vibrantes. echo de menos el chisporroteo que desprenden a veces los ojos al mirar, las risas ahogadas y las carcajadas que resuenan en el pecho. el rincón en el que rebosaban las imágenes bellas, las fantasías, todos los dulces sueños que tuve y quise tener. sentir el calor en la espalda y en las manos. y una explosión en el estómago con cada parpadeo.
echo de menos el invierno y el color rojo.
los echo de menos porque el rojo es calor, alegría, fuerza, pero también es sangre, dolor, intensidad. igual que el invierno. son distintos, pero completamente iguales; son las dos caras de una misma moneda. las dos caras de las nubes de tormenta y los guantes de lana.
sobrevivir al invierno implica torturarse con esos recuerdos que —dices— deberías borrar de tu memoria para no sufrir, pero que en realidad jamás te atreverías a olvidar. implica esa sensación de nostalgia, de extraña soledad, como si después de pasar toda tu vida en una habitación desapareciera uno de los muebles. el vago convencimiento de que volverá y la firme certeza de que es imposible. y los billetes de tren acumulados en cajas brillantes.
echo de menos el invierno, porque ahora vivo un invierno, pero necesito el. y nunca volverá, y lo sé, y por eso no puedo evitar alzar la vista en aquel pasillo, y contemplar el color rojo allá donde lo veo —el vestido italiano que compré en Florencia, la portada del libro que no llegué a leer nunca, la carátula del CD que ya no me atrevo a escuchar—, y sentir todas las ruinas y el olvido fluir por ellas.
y el dolor no se va.

y echo de menos el invierno.

2 comentarios:

  1. Como siempre precioso, me encantan tus metaforas y el como asocias tan bien los colores con significados y hechos, despiertas muchos sentimientos. En serio admiro tu forma de escribir, me emociona a cada relato tuyo.

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Eh tú, lobo, aúlla fuerte.
(sin colmillos)