miércoles, 27 de enero de 2010

Alas en la ciudad.

Aspiré el aire fresco, planeando un poco y descendiendo de vez en cuando, porque desde tanta altura no veía gran cosa. Cuando por fin distinguí las siluetas de los edificios, emitiendo luces en la oscura noche, sonreí y miré la foto que sostenía entre mis manos. Me sería difícil encontrar el edificio que aparecía en ella, pues no era de los más grandes y estaba camuflado entre cientos de edificios que recortaban la luz de la luna llena. Estuve mucho rato en la ciudad, buscando con la mirada, pero sin atreverme a acercarme demasiado, el edificio de la fotografía. Durante un par de ocasiones estuve a punto de volver a casa, pero estaba allí y me iba a costar un rato volver; como era noche cerrada mejor quedarme allí.
Al cabo de un rato conseguí distinguir el edificio y volé rápida como el rayo hasta allí, pegándome contra el muro pero poniendo cuidado en no apoyarme en ninguna ventana, para que no me vieran. Saqué entonces el móvil del bolsillo de mi pantalón, marqué un número y me lo lleve a la oreja. Cuando respondió, tan sólo pronuncié dos palabras.
—Ya estoy.
Observé entonces a mi alrededor, mientras colgaba, y vi que de una de las ventanas del edificio se asomaba un pañuelo rojo, o una tela de ese color. Me acerqué y entré sigilosamente por la ventana cuando la mano con el pañuelo se apartaron de allí. Aterricé en el suelo con un ruido sordo y recogí mis alas, entonces miré a mi alrededor. Era una habitación no muy grande, que constaba tan sólo de una cama, un armario, un escritorio y una silla, con diversos objetos en cada uno de los muebles. Las paredes eran azules, pero estaban recubiertas de fotos y dibujos en blanco y negro, así que la habitación casi no parecía azul. Me acerqué al chico que tenía delante. Ya nos habíamos visto antes, claro, nos conocíamos antes incluso de que ocurriera mi “accidente”. Era de pelo negro, alto, con los ojos marrones, delgado, unas pocas pecas en las mejillas. Como la mayoría de chicos de por allí. Me abracé a él enseguida y él me besó en la cabeza, permanecimos así un rato.
—Te esperaba —me susurró.
—Pues ya estoy aquí —repuse, mirándole a los ojos, y soltamos una sonrisa antes de acercarnos más…





¡Mañana me voy a Alcalá del Moncayo! :DDD ¡Os quiero a todos!

4 comentarios:

  1. Jaajja graciaaaas
    X cierto: te as currao el comentarioo ehh ¬¬

    Osqiiero xd

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  2. no lo lei pero tu sabes ke odio leer xD
    oye a mi no me mencionaste 8(
    jaja me voy dew tk te cuidas

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  3. oie peo a ti no te moloba leer???
    mira k los tios soys raros...

    kurrada claraaaaa
    osk
    eiii clari el vernes kedamos eee???
    jajaja

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Eh tú, lobo, aúlla fuerte.
(sin colmillos)